Pasajeros memorables

En mis 30 años de aviación comercial, he tenido el honor de volar con millones de pasajeros que han elegido a Alitalia. Aunque no los he conocido personalmente, para mí un vuelo, tanto en rutas cortas como de largo recorrido, siempre ha sido y es una experiencia que se debe compartir con ellos. Por supuesto, he tenido la oportunidad de conocer a numerosas personalidades del mundo del espectáculo, científicos y políticos, aunque recuerdo especialmente a dos personas que me causaron una gran impresión y me dejaron un recuerdo inolvidable. Ambas son muy distintas entre sí, pero igualmente fascinantes.


"UN GRAN SALTO"

Una mañana de hace unos diez años, en el aeropuerto de Fiumicino, estaba terminando las comprobaciones previas al vuelo en un MD 80 con el copiloto. El agente de pista me pasó la lista de pasajeros junto con la información sobre la carga. Al ojearla rápidamente, me percaté de que incluía a un pasajero llamado Armstrong. Pensé que debía tratarse de alguien con el mismo nombre y mi compañero y yo recordamos con gran admiración al comandante del Apolo 11.
Se trataba de un piloto de la Armada de los Estados Unidos que sirvió en la Guerra de Corea, un ingeniero aeronáutico con un master en ingeniería aeronáutica e innumerables premios académicos. Neil Armstrong fue también un piloto de pruebas que, en el North American X-15, alcanzó una altitud de 68 200 m a una velocidad Mach 5,74 y, a lo largo de su carrera, fue astronauta del Gemini 8, piloto de sustitución del Gemini 11 y comandante del histórico Apolo 11.
Comprometido con los tantos quehaceres de mi rutina diaria, me olvidé inmediatamente de la anécdota. Cuando comenzó el embarque, el auxiliar de vuelo y yo nos encontrábamos frente a la puerta de la cabina dando la bienvenida a los pasajeros. Uno de los dos últimos era un señor mayor. Al mirarle a los ojos, le reconocí de inmediato: se trataba del hombre que el 20 de julio de 1969, al tocar la superficie lunar, dijo: "Un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad". Solo tuve la oportunidad de intercambiar unas pocas palabras con él y me dejó impactado por su sencillez. Tras conocerle, aunque fuera solo por unos segundos, el epitafio escrito por sus familiares tras su fallecimiento me pareció totalmente acertado. Decía algo así como: "Recordamos a un héroe y, mientras lloramos su pérdida, celebramos su vida con la esperanza de que sirva de ejemplo a los jóvenes de todo el mundo, para que se esfuercen por conseguir sus sueños, con la ambición de explorar y sobrepasar sus límites".


UN VUELO BENDITO

Otro de los pasajeros "memorables" que me dejó un recuerdo inolvidable no fue otro que el Papa Benedicto XVI. He tenido el privilegio de ser el comandante supervisor en todos los viajes papales del Papa Joseph Ratzinger desde el lanzamiento de la nueva Alitalia. Siempre ha sido muy emocionante y, en ocasiones, también complicado en lo que respecta a la organización, que habitualmente comienza varios meses antes del vuelo, pero siempre ha sido una experiencia gratificante. La programación, la selección de la tripulación, la planificación del protocolo y la atención minuciosa hasta el más mínimo detalle hacen de este tipo de vuelos una experiencia única.
Uno de los más complejos que recuerdo fue el viaje del Papa a México y Cuba en marzo de 2012. Aterrizamos con el B777 en un pequeño aeropuerto de México ubicado en León, Guanajuato, y más tarde en Santiago de Cuba y La Habana. Cada momento de estos viajes tenía un "aura" especial, como un mensaje que enviar a los diferentes jefes de estado conforme atravesábamos el espacio aéreo de cada nación. Pero el momento más emotivo tuvo lugar durante el vuelo, estando sentado junto al Pontífice para realizar las fotos habituales, tuve la oportunidad de intercambiar unas palabras con él. Solía darle la mano a la gente y mirar con unos ojos llenos de bondad y serenidad. Puede que no haya mejor ejemplo para el dicho "los ojos son el espejo del alma".